A veces nos castigamos sin comer aquellos platos que nos encantan porque no son precisamente los más saludables, y a cambio decidimos darnos el capricho una vez a la semana, pero ya que estamos lo hacemos a lo grande, eligiendo de lo malo lo peor. Quizás la clave no esta en privarnos de eso que nos gusta, sino en aprender a darle la vuelta para que, sin perder toda la gracia resulte más saludable y podamos incluirlo dentro de nuestro hábito alimenticio. Leer más.